Ser Manso y Humilde como Jesús.
A menudo, el mundo nos enseña que ser «manso» o «humilde» es sinónimo de debilidad. Imaginamos a alguien pasivo, que agacha la cabeza y se deja pisotear. Pero si miramos a Jesús, quien dijo «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mateo 11:29), vemos a alguien que volcó mesas en el templo para defender la casa de su Padre y que tuvo la resistencia sobrenatural para soportar la cruz. Definitivamente, Jesús no era débil. Entonces, ¿qué significa realmente este carácter?

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En nuestro devocional, derribamos el mito de la debilidad estudiando las palabras originales en griego que definen el carácter de Cristo
En la antigua Grecia, esta palabra no describía a un animal asustado, sino a un imponente caballo de guerra. Un animal con la fuerza física para aplastar en batalla, pero que había aprendido a obedecer la más mínima orden de su jinete. La mansedumbre bíblica no es falta de carácter; es tener la fuerza para reaccionar, herir o dejarnos llevar por impulsos, pero elegir someter esa fuerza a la voluntad de Dios.
La humildad no es tener baja autoestima ni pensar que no valemos nada. En Juan 13, Jesús lavó los pies de sus discípulos no porque se sintiera inferior, sino porque sabía exactamente quién era. La verdadera humildad nace de estar tan seguros de nuestra identidad en el Padre, que no necesitamos mendigar amor, fingir apariencias ni pisotear a otros para sentirnos importantes.
